jueves, 18 de julio de 2013

Laurette Sejurné


Modelo perfecto de concisión, el quincunce es de una complejidad más rica todavía. Se ha demostrado ampliamente que la revolución sinódica de Venus, de 584 días, tenía en Mesoamérica un papel primordial. Los cálculos que recubren las estelas y los códices mayas, por ejemplo, tienen por fin principal registrar las conjunciones, pasadas y futuras, del planeta y del sol sobre lapsos considerables (Fig. 1). A consecuencia de que el cómputo de los años venusianos se efectuaba por grupos de cinco (correspondientes a ocho años solares), el cinco es igualmente la cifra de Venus y, por tanto, de Quetzalcóatl.



Figura 1. El rostro simboliza el Quinto Sol y el signo de Venus alternados, forman el marco de una puerta de los palacios teotihuacanos 



Figuras 2 y 2-A. Los cinco puntos en cruz o quincunce. Es el signo más frecuentemente empleado en el lenguaje simbólico mesoaméricano.



En su más simple expresión, está constituido por cinco puntos encerrados o no en un cuadrilátero (Figs. 2 y 2-A), que simbolizan la piedra preciosa, emblema del Sol, del corazón humano y del calor. La figura 2-A se encuentra sobre una imagen teotihuacana del Dios del Fuego (Fig. 3); la 2 está representada alrededor de cincuenta veces sobre un famoso monumento solar azteca (Fig. 4).


Fig 4. Imagen azteca de un ciclo cósmico. Al centro, el Quinto Sol representado como en Teotihuacán, rodeado de símbolos de las Edades que lo han precedido. Dos serpientes de fuego forman el círculo exterior. Su carácter ígneo está sugerido por las volutas estrelladas que están sobre las cabezas humanas situadas en la parte inferior de la figura, y por el motivo de la mariposa que recubre los cuerpos de los reptiles. (Museo Nacional de México) 






Figura 8.
La Cruz de Quetzalcóatl constituye el ojo de esta águila solar. Objeto en obsidiana exhumado en la Venta, Tabasco. (Museo Nacional de México.) 
 
 


Figura 9.
La Cruz de Quetzalcóatl, tal como aparece en la representación de la ceremonia del Fuego Nuevo en el Códice Borbónico 


 






Figura 10.
El símbolo de Venus en Teotihuacán y en la jeroglífica maya 


Figura. 11.
El jeroglífico movimiento, (a, b, c, Teotihuacán; d. Códice Borbónico;
e , Códice Florentino;
f,:
Códices Borbónico y Borgia.) 



Figura 12. Cerámica conocida bajo el nombre mazapán 




 




Figura 13. Personajes que figuran en el Paraíso Terrenal pintado al fresco en Teotihuacán 


 


Figura 14. Un Tláloc (Dios de la Lluvia) portador de la cruz de Ouetzalcóatl y de la flor solar que emerge de su boca. (Fresco teotihuacano.) 



 

 





Figura 15. El Dios de la Lluvia que preside al Paraíso Terrenal. Su peluca amarilla y los ojos romboidales de su máscara son características del Dios del Fuego. (Fresco teotihuacano.)   


 



Figura 16. Los signos acuáticos que aparecen en Teotihuacan.






Figura 17. Huehueteotl, viejo Dios del Fuego. Es la primera divinidad surgida en Mesoamérica. (Museo Nacional de México). 


Figura. 18. Dios de la Lluvia pintado al fresco sobre un vaso teotihuacano. Lleva alas de mariposa y el jeroglífico movimiento adorna su pecho. (Museo Nacional de México.) 





Figura 19. Estilizaciones teotihuacanas de mariposas en cerámica.
(Museo de Teotihuacán.) 
 




Figura 20. Monumento azteca esculpido (Museo Nacional de México) .
En la parte inferior, la Diosa de los Ríos (Chalchiuhtlicue): De su cuerpo recostado emerge un nopal cargado de tunas las que simbolizan el corazón humano. El águila que domina la escena representa el Sol. 



Figura 21. El jeroglífico del agua-quemada dos corrientes –una de agua y una de fuego– que se unen. 



Figura 22. Monumento azteca representando a Quetzalcóatl que lleva sobre el pecho el jeroglífico del agua-quemada, emblema de la guerra florida. 


Figura 23. Quetzalcoatl bajo el aspecto de Señor de la Aurora (Tlahuizcalpantecuhtli). (Fresco teotihuacano.) 




Figura 24. El Templo Mayor de Tenochtitlan, según el Códice Florentino. Los dos ídolos representan a Xochipilh llevando en la mano un corazón florecido. 


Figura. 25. El tigre (a la derecha) y el coyote, representaciones respectivas del Sol y de Quetzalcoatl en su peregrinaje subterráneo. (Fresco teotihuacano.)


Figura 26. El Sol de Tierra y Quetzalcóatl bajo su forma animal. (Códice Borbónico.) 



Figura 27. Combate simbólico de un águila y de un tigre. 


Figura 28. Águila solar pintada en un fresco teotihuacano





Figura 29. Cerámica teotihuacana representando un Caballero Águila. (Museo Nacional de México.)   



Figura 30. Caballero Águila pintado en un fresco teotihuacano. 


Figura. 31. Caballero Tigre. (Fresco teotihuacano.) 



Figura 31-A. Caballero Tigre pintado en un fresco teotihuacano descubierto por la autora en febrero de 1956. 



Figura 32. Escena esculpida sobre el tambor que presentamos en la lámina 9. El águila y el tigre evocan la guerra florida que realiza la unión de los contrarios. La figura central representa el Sol en la actitud creadora de movimiento. 



Figura 33. Tigre-pájaro-serpiente esculpido sobre un vaso teotihuacano. 


Figura 34. Tigre-pájaro-serpiente, entidad que simboliza el reencuentro de las tres esferas cósmicas. 


Figura 35. El reencuentro de los diversos planos cósmicos simbolizado en el Códice Vaticano B   



Figura 36. Arbol de la Vida del Códice Borgia. Abajo, la Tierra, arriba, el Cielo. Quetzalcóatl (a la izquierda) y Xochipilli (a la derecha) evocan el movimiento unificador: de descenso el primero de ascensión el segundo. 


Figura 37. Símbolo del Tamoanchan, la patria del género humano.
(Códice Vindobonensis.) 



Figura 38. Águila solar llevando en su pico un corazón humano.
(Escultura de un edificio de Tula, Hidalgo.) 



Figura 39. Representación del corazón humano en Teotihuacán.
Figura 40. Corte longitudinal del corazón extraído. 




Figura 41. Imágenes de cuchillos de obsidiana para el sacrificio.
(Fresco teotihuacano.) 



Figura 42. El Señor de la Aurora alcanzon un corazón
(Fresco teotihuacano.) 




Figura 43. Corazones atravesados. (Códice Borgia.) 




Figura 44. El jeroglífico movimiento, que tiene por centro el emblema de la penitencia: dos cuchillos sacrificiales clavados en un cactus y coronados por un halo de luz. (Fresco teotihuacano.) 


Figura 45. El emblema de la penitencia sobre un monumento azteca. Las volutas de la parte superior representan el planeta Venus. (Museo Nacional de México.)



martes, 21 de febrero de 2012

lunes, 26 de septiembre de 2011

MEXICA-NO…ANAHUACA SÍ





¿Quién le puso a este país “MÉXICO”? ¿De dónde viene el término? ¿Somos en verdad mexicas todos? ¿Existe un nombre antiguo de esta región cultural del mundo? ¿Sabemos que somos los hijos de los hijos de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del mundo? ¿Por qué tanta ignorancia de un asunto tan esencial como el saber quiénes en verdad somos, o ese es el objetivo, ser un pueblo amnésico?, y si fuera así, ¿cuál es la razón?

En general, las personas aceptamos todo sin analizarlo. La “Historia oficial” es la biografía autorizada del Estado. Los gobiernos criollos (liberales y conservadores, priístas y panistas) inventaron “sus país” en 1821 al derrotar y posteriormente expulsar a los gachupines del territorio del Virreinato de la Nueva España. En la construcción de “su país” han tenido tres grandes errores: La exclusión, la lucha fratricida y la explotación.

Primero, excluir a la mayoría de ciudadanos que son y han sido de de origen “indígena”, producto de la civilización del Anáhuac. Es decir, en su modelo de país, no se contempla la civilización invadida que seguirá en calidad de vencida en un sistema neocolonial. Segundo, enfrentarse en una lucha fratricida con dos modelos de país, totalmente antagónicos y excluyentes. Tercero, que su modelo económico desde 1821, se sustenta a partir de la llegada de capitales extranjeros para impulsar el enriquecimiento de sus familias y grupos de poder, sin que los criollos trabajen y arriesguen. La propuesta es que ellos, con el poder, entregan a los capitales extranjeros una mano de obra casi en calidad de esclavitud con los mínimos derechos, y con todos los recursos naturales para su impune depredación. Todo esto a cambio de recibir ilegales ganancias a través de la corrupción o la simulación de sociedades anónimas.

Esta es la realidad de “este país de criollos” desde 1821 a nuestros días. Y esta es la razón por la cual se ha hecho todo lo posible por mantener a la mayoría de los ciudadanos en la ignorancia de sí mismos. Esta “inconsciencia inducida” que se traduce en amnesia colectiva, permite que se practiquen toda clase de abusos e injusticias con el pueblo y la Nación, sin que la gente se sienta afectada. Los “conservadores-panistas”, que se han caracterizado por ser la parte más oscura y torpe de la ideología criolla, en los dos últimos gobiernos federales han quitado de la Educación Pública la historia antigua: Fox de la primaria y Calderón de la secundaria, no solo la historia antigua, también, las humanidades que nos forman como seres conscientes de nosotros y nuestro entorno y no solo consumidores y productores para alimentar la economía de mercado.

En síntesis, por miles de años nuestros antepasados crearon una de las más importantes civilizaciones del la humanidad (tan antigua y valiosa como China e India), pero desde hace cinco siglos ha sido total y brutalmente excluida la civilización del Anáhuac, por un puñado de vivales que ha cambiado las milenarias leyes, autoridades e instituciones para beneficio, de; primero, de la corona española y, después, para beneficio de los criollos neocoloniales y sus socios extranjeros. La principal arma para hacer este despojo es quitarle al pueblo invadido-explotado su memoria histórica, porque, como personas, familias y pueblos, somos lo que recordamos…y sí no recordamos nada…no somos nada y pueden hacer todo lo que quieran. Por esto es importante reflexionar y debatir sobre este punto. Los orígenes estructurales de los males de la Nación son de amnesia histórica y falta de identidad. Lo demás, son sus consecuencias. La realidad es que seguimos viviendo en un sistema colonial hipócritamente disfrazado de democracia representativa.

Pero vayamos a la “verdadera historia” y desmantelemos las mentiras coloniales. En el siglo XVIII el primer historiador criollo, Francisco Javier Clavijero (1731-1787) en su libro HISTORIA ANTIGUA DE MÉXICO escribe reiteradamente que el nombre de las tierras donde se instauró el Virreinato de la Nueva España, se llamaba ANÁHUAC. Citas: “LIBRO I 1. DIVISIÓN DE LA TIERRA DE ANÁHUAC. El nombre de Anáhuac que según su etimología se dio al principio a sólo el Valle de México, por estar situadas sus principales poblaciones en la ribera de los lagos, se extendió después a casi todo el espacio de tierra que hoy es conocida con el nombre de Nueva España.”, “6. CLIMA DE ANÁHUAC. El clima de las tierras de Anáhuac es variable según su situación.”, “12. Yo no pretendo corregir todos sus errores, ni ilustrar la historia natural de aquél reino, sino solamente dar alguna idea a mis lectores de los cuadrúpedos, las aves, los reptiles, los peces y los insectos que sustenta la tierra y el agua de Anáhuac.”. “LIBRO II 1. LOS TOLTECAS. La historia de la primitiva población de Anáhuac es tan oscura y está alterada con tantas fábulas…, del método de contar los años de que usaron los mexicanos y demás naciones cultas de Anáhuac;” (note como aquí, Clavijero les llama a los mexicas: mexicanos). “LIBRO VI 25. EDAD, SIGLO Y AÑO MEXICANO. …Distinguían los mexicanos, los acolhuás y demás naciones de Anáhuac, cuatro diferentes edades del mundo…”. LIBRO VII 23 ARMAS DE LOS MEXICANOS. Las armas defensivas y ofensivas de que usaban los mexicanos y demás naciones de Anáhuac,…”. Seguir citando a Clavijero para una mente analítica es ocioso. Para el primer historiador criollo resulta claro que esta tierra antes de la invasión era conocida por “Anáhuac” y que los “mexicanos” son una de las tantas naciones que aquí vivían.

Pero también el primer “investigador” español que escribió HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA, el francisano Bernardino de Sahagún (1499-1590), quien llegó a éste continente en 1529 para realizar una investigación de la cultura y religión de los pueblos invadidos, no para enaltecerla, sino para poder destruirla con mayor efectividad por la iglesia católica, como lo señala el historiador José Luís Guerrero, en su libro “Flor y canto, en el nacimiento de México” (1990). Sahagún escribe en el “LIBRO IV. DE LO QUE HACIAN EN LLEGANDO A DONDE IBAN. 2.- Entraban en la provincia de Anáhuac no todos, sino aquellos que iban de parte del señor de México, con quien estaban aliados y confederados,”.

El arqueólogo Román Piña Chan (1929-2001), en su libro HISTORIA, ARQUEOLOGÍA Y ARTE PREHISPÁNICO (1972) Cita nuevamente a Sahágun en el Códice Florentino y señala, “De estos cuenta que fueron en pos de los toltecas cundo salieron de Tullan, y se fueron hacia el oriente, llevando consigo las pinturas de sus hechicerías; y que llegando al puerto se quedaron allí, y no pudieron pasar por la mar, y de ellos descienden los que al presente se llaman Anahuaca Mixteca…” (p.51).

Solo basta hacer una lectura “descolonizada” de las llamadas “fuentes” para saber que lo que hoy llamamos equivocadamente México se conocía como Anáhuac. Fray Toribio de Benavente (¿1482-1569?) en su HISTORIA DE LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAÑA escribe: CAPÍTULO I. 39 “Vinieron con grandes gracias y perdones de nuestro Santo Padre, y con especial mandamiento de la sacra Majestad del Emperador nuestro señor, para la conversión de los indios naturales de esta tierra de Anáhuac, ahora llamada Nueva España.” “CAPÍTULO V. 75 Diversas naciones, diversos modos y maneras tuvieron en la cuenta del año, y así fue en esta tierra de Anáhuac,”. “CAPÍTULO XII. 121 La manera de los templos de esta tierra de Anáhuac, o Nueva España,”. “Carta de Fray Toribio de Benabente al emperador Carlos V, enero 2 de 1555. 2 …éstos comenzaron a edificar casas y a cultivar la tierra y a la desmontar, y como éstos se fuesen multiplicando y fuesen gente de más habilidad y de más capacidad que los primeros habitadores, poco a poco se fueron enseñoreando de estas tierras, que su propio nombre es Anáhuac.”

Es más que claro entonces que estas tierras antes de la invasión europea eran nombradas “Anáhuac” y los pueblos que en ellas vivían era “anahuacas”. Entonces, por qué el nombre de México. El mismo José María Morelos y Pavón, en medio del estallido social en 1813 en contra de los españoles, convoca en Chilpancingo al “Primer Congreso del Anáhuac” para dar a conocer “Los Sentimientos de la Nación”. En efecto, en 1813 todavía no eran muy claro los objetivos y alcances que podía llegar a tener el estallido social en contra de los gachupines, pues en ese momento Francia tenía invadida a España. Por ello Morelos convoca al congreso, al que nombra -“del Anáhuac”-, en honor al nombre original de esta tierra.

La palabra México en lengua náhuatl quiere decir, “en el centro del lago de la luna”. Uno de los tantos pueblos nahuas que llegaron al Altiplano Central fueron los mexicas, y al fundar su capital en un pequeño islote del lago le llamaron México-Tenochtitlán. Una de las versiones más aceptables del nombre de Tenochtitlán es que es la tierra del sacerdote que los guió en la peregrinación del Norte hacia el Sur, llamado Tenoch. El propio Motolinia apunta en su obra que el nombre que tenía el último pueblo en llegar al Valle del Anáhuac era “mexitli” y que se auto nombraban “mexitis, y que a su fundación le llamaron “Timixtitlan” con dos barrios: México y Tlatelulco. Sea como fuere, los mexicas fueron los últimos que llegaron al Valle del Anáhuac y son la cultura decadente del periodo Postclásico con una duración de apenas 196 años, de 1325 a 1521, de los cuales, solo tuvieron un relativo poder de 1440 a 1521, es decir, solo 81 años. Se debe señalar que los mexicas no llegaron en el periodo del esplendor del Anáhuac entre el 200 a.C. y el 850 d.C. Sin embargo, la historia oficial criolla, los pone como un “imperio super poderoso y dominador de todo el Anáhuac, al cual 850 españoles lograron vencer. Las dos ideas totalmente falsas.

El nombre de México se lo pusieron indebidamente los criollos en la fundación de “su país”, con la pretensión de deslindarse de España. La mítica de historiadores criollos como Clavijero, era darle al criollismo un estatus de pertenencia a esta tierra. Durante la Colonia, se entendía como -original de esta tierra- lo “criollo”, de dónde viene los términos de “maíz criollo y gallina criolla”, frente a lo castellano o de castilla, como “nuez de castilla, o rosa de castilla”. Los criollos defendían la idea de “los heroicos conquistadores”, frente a la llegada de los burócratas de la corona que los desplazaron.

El proyecto colonial y neocolonial está sustentado en que los invadidos-colonizados-explotados de ayer y de hoy, pierdan total y absolutamente la memoria y con ello la consciencia. Esta es la razón por la cual indebidamente se llama “historia prehispánica, precolombina, precortesiana a la milenaria historia del Anáhuac. Y a la civilización no se le reconoce como “del Anáhuac”, por ello colonizadamente se llama Mesoamérica, México antiguo o azteca.

Por qué no nombrar a este país con su verdadero y milenario nombre? Porque significaría que como pueblo hemos recuperado la memoria histórica y ha finalizado nuestra amnesia. Porque significaría que hemos recobrado la dignidad, la justicia y la fraternidad, y que por consiguiente es posible el final de la colonización, la explotación y la injusticia. Porque significaría que el grupo reducido de familias y pequeños grupos de poder que viven a expensas de la pobreza de las mayorías, ha dado paso al restablecimiento del bien común sobre el interés privado y a la democracia participativa. Porque significaría el final de la ideología criolla que impide el bienestar, desarrollo y reparto de la riqueza y las oportunidades.

Renombrarlo sería el símbolo de que por fin, construimos un país sin racismo y clasismo, basado en la sabiduría ancestral, producto de la experiencia de Desarrollo Humano de nuestra antigua civilización. Por ello el título de este artículo: “mexica-no…anahuaca si”.

Significaría retomar la ruta propia de una manera similar a la forma en que lo han hecho otros países como China e India, consolidando verdaderamente el mestizaje, con lo mejor y más valioso de la civilización del Anáhuac, de Europa, Asia y África; porque estas culturas han estado presentes en nuestra formación, como en casi todos los países del mundo.

El futuro de nuestro pueblo es su milenario pasado.

martes, 23 de noviembre de 2010

El Equilibrio tolteca



El tolteca busca el equilibrio interior y el exterior, el material y el espiritual. El par de opuestos complementarios en perfecto equilibrio. El quetzal con el cóatl, el tonal con el nahual.




La Toltecáyotl es el arte de vivir en armonía.

miércoles, 7 de abril de 2010

Y POR QUÉ NO, IDEALIZAR AL ANÁHUAC y conocer a los legendarios toltecas.


ací en el seno de una familia “clase media” del Sur de la ciudad de México a mitad del siglo veinte. Mis padres no eran universitarios, pero si gente preocupada por darles a sus hijos una buena educación. En la casa paterna se escuchaba permanentemente música clásica y los libros eran artículo de primera necesidad. Entregados totalmente a la “cultura de las bellas artes europeas”, en la casa, siempre soplaron vientos más que liberales, sino declaradamente “socialistas”. Tengo recuerdos que en casa se reunían artistas e intelectuales y me toco conocer a un amigo callado y taciturno de mi papá, con el que se llamaban mutuamente (no sé por qué) “compañerito”, más adelante supe que era Juan Rulfo.

 

Estudié en la preparatoria número seis de Coyoacán y tuve maestros de la talla de Enrique González Rojo en ética o a Gustavo Carvajal en derecho, por citar dos, de muchos excelentes maestros. Asistí a la UNAM y tuve que estudiar dos veces (dos) la carrera de Administración de Empresas, debido a una canallada de un compañero “prófugo de seminario”.

 

Tanto en mi casa como en la escuela, jamás se me enseñó de manera seria a conocer y valorar la civilización del Anáhuac, los toltecas y el México antiguo. Cuando mucho, una “pincelada más”, de la raquítica y tendenciosa información de la SEP y sus malignos libros de texto de historia, que son totalmente hispanistas y colonizadores.

 

De esta manera, ni mis “cultos padres”, ni mis excelentes maestros, y menos los amigos de mis padres y los propios, me hablaron de la sabiduría de los legendarios toltecas, sus logros y su herencia. Teotihuacán, “los aztecas” y la “historia prehispánica” quedaban atrapados y congelados en frases hechas y conceptos colonizados, repetidos hasta la saciedad –en tono grave de sapientes expertos-, por toda la gente que me educó.

La “gente culta” hablaba de los griegos y romanos, como la fuente y el centro del “universo histórico y cultural de la humanidad”, a la que, “por supuesto, pertenecíamos”. Los “verdaderamente informados”, en ocasiones limitadas hablaban de los egipcios, mesopotámicos, indios y chinos, de manera escueta y muy lejana, no solo en distancia, sino también en tiempo. Eran como civilizaciones “inconexas e inexactas” perdidas en lo más lejano del tiempo baldío.

Así transcurrió los primeros 25 años de mi formación básica. Yo era un clásico producto de mi sociedad, es decir, un colonizador-colonizado, un “extranjero inculto en mi propio país”, un conocedor de lo ajeno y un ignorante de lo propio. Por lo cual decidí ir a “la fuente de mi cultura” y partí a la idealizada Europa de los libros, las ilustraciones y las “conversaciones doctas” que habían creado un altar intelectual. Después de vivir dos años con ellos, me di cuenta que yo era diferente. Ni mejor ni peor, tan solo diferente. Que lo que siempre me hicieron creer; en cuanto a que lo mejor de mi educación venia de Europa, aquí no lo encontré.

De modo que entré en una crisis que tocaba la puerta más escondida e intima de mi identidad. Quién era yo en realidad y de dónde venía, cuál era mi profunda raíz. Al perder la “certeza inconsciente” de mi supuesta occidentalidad, experimente vivencialmente mi vacuidad y falta de raíz. La vida y el destino me llevaron en tal circunstancia a vivir a mi regreso a “Oaxaca la reserva espiritual de México”. Aquí fue en donde comenzó el descubrimiento de mi más antigua y primigenia raíz. En Oaxaca encontré enterrado mi “ombligo cultural” y se inició un trabajo de “adentro hacia afuera”, teniendo que luchar, hasta la actualidad, con una feroz y poderosa venda colonizadora, que nos ha impedido conocer y valorar nuestra antigua historia y por consiguiente, racionalizar nuestra más profunda identidad.

Esto me llevó a plantearme algunas interrogantes, que antes nunca habían pasado por mi colonizada cabeza, seudo-occidental y tercermundista.

Por qué, en la sociedad y la cultura “mexicana” se rechaza la herencia cultural y el fenotipo indígena-anahuaca. Por qué, todo mundo presume “al abuelito español” y siempre se avergüenza de la abuelita indígena. Por qué, en la escuela se le presta poco tiempo e interés académico a los siete milenios y medio de historia indígena-anahuaca, una de las seis más antiguas y con origen autónomo del mundo. Por qué, se proyecta como la cultura más importante y trascendente del México antiguo a los mexicas, si ellos empezaron a tener un relativo poder solo 81 años antes de la caída de Tenochtitlán (1440-1521) y fueron los que transgredieron la sabiduría de Quetzalcóatl y los valores de la Toltecáyotl. Por qué, se desconoce la filosofía que inspiró por muchos siglos el desarrollo cultural del Anáhuac y permitió alcanzar el más elevado nivel de desarrollo humano en el planeta. Por qué, se supone que la sabiduría antigua desapareció totalmente a partir de 1521 y que los descendientes actuales de los anahuacas-toltecas, no tenemos nada que ver con esa milenaria fuente de conocimiento humano. Por qué, suponemos sin meditarlo, que todo lo antiguo es por fuerza necesaria “primitivo”. Por qué, la poca historia antigua que se conoce del Anáhuac se resume a sacrificios humanos, guerras sin fin, idolatría primitiva, atraso e incivilización. Por qué, no existe interés de los estadistas, políticos, maestros, instituciones públicas y privadas, educativas, culturales, empresariales y de medios masivos de comunicación, por investigar, promover y difundir la historia antigua de México, sus valores humanos, sus principios de justicia e igualdad, de su experiencia milenaria en la organización social, en la aplicación de sus conocimientos en la alimentación, la salud y la educación familiar, escolar y comunitaria. Por qué, hemos vivido de espaladas a esta antigua sabiduría y experiencia humana. Por qué, no se nos ha educado desde 1521 en este legado de sabiduría única en el mundo. Por qué, desde 1521 la cultura dominante ha tratado de erradicar, negar, desvalorizar y proscribir a la civilización del Anáhuac, excluyéndola total y completamente de los proyectos de la nación y la patria. Por qué, los más pobres, explotados y excluidos de los “mexicanos” son indígenas-anahuacas. Por qué, en general, la clase pudiente es criolla o descendiente de extranjeros. Por qué, siempre hemos “idealizado” otras culturas, países e historias, y nunca lo más antiguo y “propio-nuestro” que poseemos como herencia milenaria ha sido tomado en cuenta y por consiguiente nada significa en general para el pueblo. Por qué. Por qué ha sido y es así.

Cuál es la causa de que los “mexicanos”, en general, seamos inseguros y violentos, con una pobre autoestima y fanfarrones, vulnerables e incapaces, dóciles ante el explotador y tiranos con los hermanos. Exaltador de la ajeno y denigrador de lo propio. Dispuesto a servir al colonizador y poco solidario con su pueblo. Servil con el extranjero e incapaz de hacer equipo con su propia gente.

Por qué, somos así, en general los “mexicanos”.

 
Por qué, otros pueblos y culturas mucho más recientes y sin origen autónomo, ellos si se sienten muy orgullosos de su pasado, su historia y su cultura. Especialmente pueblos como los anglosajones, iberos, teutones y judíos. Algunos, como Estados Unidos, con vergonzosos crímenes de lesa humanidad, como estallar bombas atómicas en ciudades indefensas, iniciar guerras mundiales, crear campos de exterminio, invadir, explotar y depredar a muchos pueblos del planeta, destruyendo culturas y formas de organización ancestrales, por imponer sistemas políticos y económicos que favorecen sus intereses y amenazan la vida y continuidad de pueblos, culturas, habitad, y hasta la existencia del propio planeta como ser vivo. Y los mexicanos, nos sumamos entusiastas a exaltar furibundamente sus “valores”, que tomamos como propios, a pesar de que en general, estos pueblos nos desprecian y menos precian. Pero haciéndonos sordos y ciegos a su racismo y etnocentrismo, nosotros en cambio seguimos tercamente negando cualquier valor de nuestra civilización Madre. ¿Por qué esta actitud?

Quién la inculcó, por qué la han desarrollado y acrecentado en estos casi cinco siglos de colonización material, mental y espiritual. A quién perjudica y a quién beneficia. Por qué se alienta esta actitud de autoexclusión, desprecio e ignorancia de nosotros mismos, desde el centro del poder económico, político, cultural, educativo y social.

Será por ignorancia, será por malicia, será por interés económico. O de plano por mala suerte o incapacidad. Pero también podría ser porque los “mexicanos” no tenemos capacidad, potencialidad, recursos, dignidad, coraje, memoria o simplemente carecemos de inteligencia. O como afirman nuestros conquistadores-colonizadores, desde Hernán Cortes hasta Carlos Slim…porque somos un pueblo fácil de explotar y controlar.

La pregunta obligada es, “POR QUE NO IDEALIZAR AL ANÁHUAC Y CONOCER A LOS LEGENDARIOS TOLTECAS”… ¿por qué no?

Sí somos uno de los seis pueblos más antiguos de la humanidad, mucho más antiguos que los griegos, romanos, francos, teutones y anglosajones. Y si somos parte del selecto grupo de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo de la humanidad.

Por qué, si hoy se conoce y difunde a profundidad las enseñanzas de avatares como Jesucristo, Buda, Mahoma, Krishna y Lao tsé, entre otros. Que conforman en muchos casos la identidad, religión y cultura de otros pueblos. Los “mexicanos” de hoy, no investigamos, promovemos y difundimos entre los hijos de los hijos del México antiguo, las enseñanzas de Quetzalcóatl, el gran maestro generador de la Toltecáyotl (la sabiduría o conocimiento filosófico del Anáhuac). Que son tan importantes, valiosas y antiguas como la de los demás pueblos.

Por qué, si actualmente los europeos desarrollados y cultos, están volcándose sobre sus raíces más antiguas, como es la cultura Celta. Buscando una respuesta al mundo míseramente materialista de la modernidad y el capitalismo voraz. Por qué, nosotros no recurrimos a los toltecas y a la Toltecáyotl. Por qué, ellos sí pueden “idealizar” sobre su antigua cultura y hacen literatura, cine, teatro, poseía y música “celta”, que los fortalece y enaltece, dándoles una oportunidad de revalorarse a sí mismos. Nosotros los mexicanos no podemos.

Por qué, no iniciamos la exploración y descubrimiento de lo mejor de nuestra parte indígena-anahuaca, sin excluir la parte occidental que nos conforma. Por qué no iniciamos seria y concienzudamente “la arqueología del Espíritu” para llegar a “la totalidad integradora de nuestro Ser”, ese ser mestizo con su raíz indígena-anahuaca. Por qué, no nos descubrimos a nosotros mismos. Por qué no exploramos y recurrimos al “banco genético de información cultural” que portamos cada uno, de los ahora llamados “mexicanos”.

Por qué, no hacemos valer, por primera vez en la historia bicentenaria de “la patria”, la riqueza y el potencial de ser una civilización milenaria enriquecida por el aporte cultural de los pueblos y culturas de Europa, Asia y África.

O será que esto no ha sido posible desde 1521, por la sencilla razón de que la organización social, económica, política y cultural que se instauró fue la de un férreo y deshumanizado SISTEMA COLONIAL, que ha enriquecido a una minoría en perjuicio de una mayoría. El “descubrimiento, conquista, invasión y ocupación” esta diseñado para favorecer a un puñado de colonizadores extranjeros y sus descendientes ideológicos y culturales. Un sistema en el que pocos tienen mucho y muchos tienen poco. En el que unos mandan y los otros obedecen. En el que unos se suponen superiores-mejores y los otros inferiores-peores.

La pregunta es por qué, si China, que es tan antigua como nosotros, ha iniciado el camino hace 60 años para lograr su plenitud nacional, justicia social y crecimiento económico a través de los valores y principios ancestrales de su civilización, nosotros no lo hagamos de la misma forma. Será que en China los que toman las decisiones son chinos y a favor del pueblo chino, y quien toma las decisiones en México no son “mexicanos” y sus decisiones no favorecen históricamente a los indígenas-anahuacas y mestizos desculturizados. Será que a una elite favorecida del sistema colonial, no le conviene que el pueblo recupere su memoria histórica, el orgullo y compromiso de ser hijos de los hijos de una de las civilizaciones más antiguas e importantes de la humanidad.

Por qué, no idealizar nuestros ancestrales orígenes y sacar de este orgullo y sabiduría, el coraje y compromiso para crear a través de los valores y principios (Toltecáyotl) ancestrales del Anáhuac, una nueva sociedad, justa y humana, como no la hemos tenido en estos últimos cinco siglos. ¿Por qué no?

060410