jueves, 1 de abril de 2010

EL GRAN ENGAÑO HISTÓRICO DE MÉXICO.



Gran parte de las personas que habitamos este vasto territorio llamado México, hemos vivido engañados los últimos dos siglos. Usados y explotados por un puñado de abusadores que han llegado sucesivamente a estas tierras y han explotado inhumanamente a los pueblos originarios y han depredado despiadadamente sus recursos naturales.

Para hacer posible esto, los colonizadores-explotadores fundamentalmente le han quitado “la memoria histórica a los invadidos”. Es decir, los han mantenido en un estado amnésico. No saben quiénes son, de dónde vienen y mucho menos a dónde van. Una inmensa masa de gente ignorante, desculturizada y desmemoriada. Tratando de ser…lo que el colonizador le impone que sea a su conveniencia. Trescientos años tratando de ser españoles y hasta le pusieron a esta tierra “La Nueva España”, después cien años pretendiendo fallidamente ser franceses y en el último siglo, hemos tratado de ser inútilmente norteamericanos. Permanentemente despreciando lo propio y exaltando frenéticamente lo ajeno.

Este enorme pueblo mestizo desculturizado, que rechaza tercamente ser indígena y desprecia rabiosamente la Cultura Madre. Que pretende ser “mestizo-europeizado” o de perdida “moderno-agringado”. Se aleja de lo indígena y que nunca llega a ser español, francés o norteamericano. Ese ciudadano ignorante, vulgar, fatuo. Aquél que construye sus paradigmas existenciales en la televisión, en las marcas comerciales, en la “modernidad”, en el consumo. Ese que es en el fondo inseguro, violento, desconfiado, despiadado, temeroso, voraz y depredador. Ese que jamás será urbano, ni respetará una línea de personas, ese que rebasa por la derecha y se pasa los altos, el que se estaciona en doble fila y no da el paso a los peatones. El que tira basura en todas partes y siempre quiere sacar provecho personal de los demás…ese que desprecia a los indígenas y los campesinos y admira a los extranjeros. Ese que siempre se piensa por encima de los demás. Ese que no sabe nada de la historia antigua de la Civilización Madre que le da vida y esencia. Ese que por desgracias es la gran mayoría en este país. Este ciudadano es una perfecta creación del colonizador-explotador, así nos quieren así nos necesitan así los hacemos ricos.

Solo teniendo esa clase de gente, los colonizadores explotadores pueden seguir haciendo grandes fortunas y vivir en la injusticia más cínica. Como casi todos los grandes capitales de este país, están en manos de “CRIOLLOS”, es decir, hijos de extranjeros avecindados en este país. La riqueza de Carlos Slim, sus secuaces y sus paisanos es directamente proporcional a la ignorancia del pueblo que explotan. Poco menos del 10% de ¿mexicanos? (los criollos) posee el 40% de la riqueza nacional. Es decir, este país le pertenece a unos cuantos y los demás son…como ganado o pollos en granja. Más nada.

Este “país” nació gracias a una lucha entre criollos y peninsulares por el derecho de explotar a los invadidos. Nuestra profunda herencia civilizatoria de siete milenios y medio ha sido brutalmente cercenada. Se impuso un sistema colonial durante 3 siglos y los criollos traicionaron a sus parientes y les echaron encima a la inmensa masa de nativos pobres y sedientos de justicia. Esa fue la Guerra de “Independencia”. Toda cambió para seguir igual.

Los criollos se inventaron “su país”, al que le pusieron MÉXICO indebidamente, pues en la memoria histórica milenaria se sabe que estas tierras son EL ANÁHUAC. México viene de mexicas, de modo que los zapotecas, mixtecas, mayas y un largo etcétera no son mexicas y por ende, con propiedad, ¡mexicanos!

Durante el siglo XIX los criollos se dividieron en dos bandos: masones yorkinos-liberales-federalistas-republicanos (priístas) y se enfrentaron a los masones escoceses-conservadores-centralistas-monárquicos (panistas), en una guerra fraticida por el poder, en la que fuimos invadidos en dos ocasiones y nos quitaron más de la mitad del territorio. Ni los peninsulares ni los criollos les han dado una verdadera oportunidad a los pueblos originales y a la Cultura Madre en estos quinientos años de colonización y neo colonización.

La Colonia y el país…siempre han sido de ellos y para ellos. ¿Cómo lo han logrado?, quitándole la memoria histórica al vencido-invadido. Haciéndale creer primero que era súbito español y después “mexicano”. Que él desciende de españoles o franceses, que él nada tiene que ver con la civilización indígena que se presume muerta. Que ser parte de la Civilización Madre es cosa negativa y de bajo nivel, esto es ser: naco, yope, indio, ignorante, vulgar, pobre, que no es lo mismo pero es igual.

Rechazar su Cultura, sus orígenes, sus tradiciones, su historia, su fenotipo, su color de piel, rechazarse a sí mismo y tratar de ser un colonizador de su propio pueblo (a eso le han enseñado a llamarle “triunfar”). En un mundo depredador, en un país en donde es todos contra todos, en el que no se respeta la ley, en el que la corrupción es el aceite que mueve al sistema, en el que el más sinvergüenza es el más listo, en el que no hay justicia, equidad, ni piedad…en un país así, es como Carlos Silm puede hacerse el hombre más rico del mundo. El Sistema Colonial es eso precisamente, desorden, corrupción, vulgaridad, ignorancia, en el pueblo; porque piénselo bien amable lector, “a río revuelto, ¡ganancia de criollos neo colonizadores!

A los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos nos han engañado quinientos años. Nos han hecho perder nuestra memoria histórica, nuestro orgullo de ser herederos de una de las seis civilizaciones más antiguas del planeta. Nos han hecho creer que fuimos “novohispanos” y que hoy somos “mexicanos”, pero desde la INVASIÓN hemos perdido la propiedad y conducción de nuestra NACIÓN. Nos han hecho olvidar (momentáneamente) que somos hijos del ANÁHUAC, que somos poseedores de una milenaria sabiduría de cómo vivir en armonía con nuestros semejantes y con la naturaleza. Nos han hecho perder nuestros conocimientos sobre el mundo y la vida. Nos han quitado el sentido sagrado y místico de la existencia. Nos han vuelto inseguros, frágiles, violentos, ignorantes, dependientes. De esta manera se explica el por qué Fox mandó quitar de los estudios de Secundaria la Historia antigua de México.

Este país llamado México NO nos pertenece, por lo menos a la gran mayoría. Existe un 10% de criollos que tienen el poder y el dinero, otro 10% poseen solo el 1% de la riqueza y por supuesto, son los pueblos indígenas. Y existe una inmensa masa del 80% de mestizos deculturizados, hijos del canal de las barras y las estrellas. Dispuestos a pintarse el cabello de amarillo, a untarse cremas blanqueadores, a ponerle a sus hijos nombres extranjeros, a ser consumidores “muuderrnos”, a comer comida chatarra y pasear en los “moles”, a vivir a crédito y cumplir el anhelo existencial de ir a Disneylandia.

Millones de “mexicanos” que viven entre las telecomedias, los partidos de fútbol, los noticieros, los “reality shoes” y los chismes de los artistas, la filosofía de Ramones, Brozo, Cristina y la flaco y el gordo. Creyendo en las farsas de la mañosa democracia electorera, esperando sacar mayor partido y mejor provecho personal de la política corrupta.

Gente vulgar, vana, superflua, que solo vive pensando en tener dinero y poder comprar y ver más televisión. Personas insensibles e inconcientes, embrutecidas, fácilmente manejables e influenciables y explotables.

La riqueza de unos cuantos se fundamenta precisamente en todo esto. En la pérdida de la memoria histórica, en la ignorancia de nosotros mismos, en el rechazo y desprecio que hemos aprendido a tener de “lo propio-nuestro”.

El invasor-colonizador-explotador nos puede permitir cualquier cosa, MENOS QUE RECUPEREMOS LA MEMEORIA HISTÓRICA y sepamos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde queremos ir, como individuos y como pueblo. Porque en eso memento se acaba su poder y su riqueza. Esta es la razón por la cual los mexicanos somos “INDEFENSOS EXTRANJEROS INCULTOS EN NUESTRA PROPIA TIERRA”. Conocedores de Europa y sabedores de qué color era el caballo blanco de Napoleón, el Coliseo Romano y el Partenón griego, pero totalmente ignorantes cuando vamos a Teotihuacan, Monte Alban o Chicen Itza.

Esta es la razón por la que no entendemos qué es lo que pasa “en nuestro país”. Pensamos que quienes tienen el poder y el dinero son hermanos nuestros y están preocupados solidariamente por nosotros, “el pueblo-su pueblo”. Que comparten un proyecto de mejora común, en el que nos ligan las mismas aspiraciones, anhelos y proyectos. Pero eso NO ES CIERTO, los que tienen el poder y el dinero desde 1521, solo pretenden explotar y depredar, para regresar a su verdadera tierra a disfrutar sus ganancias, como Slim que se la vive en Líbano.

El gran engaño es que “México” no nos pertenece, en cambio, El Anáhuac es nuestro futuro, el propio-nuestro. Solo tenemos que despertar recuperando la milenaria memoria histórica. Abrir los ojos y poner la mirada en el fondo de nuestro corazón. (2007)



domingo, 31 de enero de 2010

APARTHEID INTELECTUAL


Para los “mexicanos” colonizados, nos resulta muy difícil tener claridad intelectual sobre los pueblos llamados indígenas y su mundo de valores, actitudes y símbolos. Aunque compartimos el mismo espacio y la misma “realidad”, vivimos dos formas diferentes de percibir el mundo y la vida.

Producto de una sociedad colonial, los mexicanos mestizos ocupamos nuestro reducido espacio en el país en donde la ideología criolla conforma la “sociedad o cultura dominante”. Los mestizos a pesar de ser mayoría no tenemos el poder de decisión de las elites criollas para dirigir la nación. Pero criollos y mestizos, no solo desconocemos la Toltecáyotl (esencia del pensamiento ancestral del Anáhuac), sino que rechazamos cualquier manifestación de las culturas herederas de este legado cultural.

Los mestizos entramos en conflicto cuando escarbamos en las profundidades de “nuestro mestizaje”. Si bien nos aceptamos mestizos, asumimos mayoritariamente la parte europea y desconocemos o rechazamos la parte indígena de nosotros mismos. Esto resulta un tabú maligno que nos corroe el alma y periódicamente amenaza la concordia social.

Los indígenas son los “otros”. Los atrasados, los pobres, los marginados, los desamparados, pero nunca son “nosotros”. “Indio” es todo el que nos cae mal. Colón les llamó equivocadamente “indios”, a los pueblos originarios, pero hasta la fecha, no nos importa conocer cuál era el nombre que se daban ellos a sí mismos. Ni su nombre, ni su verdadera historia, ni su filosofía, ni nada. No nos interesa saber nada de los pueblos originarios…acaso su folclor para comercializarlo.

Los indígenas o los “indios” son “ellos”, jamás “nosotros”. Y frente a “ellos”, los mestizos tenemos en general dos actitudes. O los vemos desde la perspectiva del encomendero, para explotarlos. O desde la perspectiva del misionero, para “integrarlos” a nuestra europeizada visión del mundo y la vida. En la cual por cierto, frente a Occidente -“nosotros los criollos y mestizos”- somos “bananeros, tropicales o subdesarrollados”…una mala copia de ellos.

El indígena es entonces folclor o pobreza, idealización o desprecio, motivo de estudio o de explotación, pero nunca, hermano, maestro, amigo o compañero. El desarrollo o la pobreza son “de ellos”, no es de “nosotros”.

Lo que el mestizo no se cuestiona, es qué existe de la milenaria cultura de los pueblos originarios en la forma de ver y entender “su mundo y su vida”. En qué forma la cultura indígena se manifiesta en su mestizaje. Cómo esta presente en su percepción de la realidad, su parte indígena. El problema del mestizo hacia su parte indígena es LA INMENSA IGNORANCIA. En efecto, la ignorancia sobre la historia, filosofía y cultura; en general, no sabemos nada de una de las civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del mundo. Sabemos más de China, India y hasta del milenario Egipto, pero nada de nosotros mismos.

Pareciera como si existiera un apartheid intelectual. Los indígenas de un lado y los “otros” del otro lado. Se trata de definir, encasillar, identificar a los indígenas y su grado de “pureza y originalidad”. No se puede aceptar que todos somos mestizos culturalmente y que no existe “pureza” racial o menos cultural. Ni en los indígenas, ni en los mestizos y mucho menos en los criollos.

Los pueblos que han sufrido una invasión, explotación y destrucción de sus instituciones, autoridades y leyes. Que han vivido la exclusión histórica, cultural e identitaria, aunque hayan pasado los siglos, siguen luchando internamente por mantener su identidad y su lugar en el mundo como naciones originarias. Pueden ser los pueblos vascos, catalanes o nahuas, mayas, etc. En todo el mundo las atrocidades históricas, los crímenes de lesa humanidad no se olvidan ni caducan. Son en muchos casos, el fuego subterráneo que mantiene la voluntad de ser y trascender, frete a todas las asechanzas del destino.



viernes, 1 de enero de 2010

EL CONCEPTO DE MÉXICO Y MEXICANO EN LA COLONIZACIÓN DEL ANÁHUAC




Los invasores desde hace cinco siglos de ocupación, sustentan su Estado Colonial en la pérdida de la memoria histórica de los invadidos. Los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos del Anáhuac, han tenido que enfrentar la explotación y el abuso sin la capacidad de saber, quién en verdad son, de dónde vienen y a dónde van. Han vivido en un círculo perverso de ignorancia de sí mismos, en una amnesia total y por ende, en una indefensión total. Tratando de ser lo que no son y despreciando lo que esencialmente los hace ser. Han terminado como colonizadores de sí mismos, aspirando emular a sus verdugos en vez de combatirlos. Explotándose, depredándose, violentándose y despojándose a sí mismos. Han vivido en estos cinco siglos en una sociedad de “vencedores y vencidos”.


A pesar de ser una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo de la humanidad, no conocen su milenaria historia, no saben quienes son y cómo se llaman. Se han formado como “extranjeros incultos en su propia tierra”. Han vivido como sumisos esclavos y peones de los invasores y sus descendientes culturales. Explotados en la encomienda, luego en la hacienda y hoy, como empleados con el salario mínimo. Trabajando para hacer ricos a los extranjeros y vivir en la miseria más lastimosa de generación en generación.


Esta civilización le llamó por milenios a este continente Cem Anáhuac y aún los historiadores criollos como Francisco Javier Calvijero en el Siglo XVIII recogen en sus escritos el nombre de “Anáhuac” para nombrar los territorios originales. Todavía en 1813, José María Morelos y Pavón convoca en la ciudad de Chilpancingo un congreso al que le llamó, “Congreso del Anáhuac”, donde los sublevados del Virreinato de la Nueva España definirían cuál sería el derrotero de la sublevación y en el cual Morelos, daría a conocer “Los Sentimientos de la Nación”. Sí estas tierras milenariamente fueron “El Anáhuac”, por qué ahora se llaman “México”.


Fue la lucha de 1810 un estallido social provocado por las fuerzas económicas y políticas del Virreinato de la Nueva España, no la lucha de los pueblos originarios para poner fin a la invasión y explotación extranjera. Los pueblos originarios fueron usados para definir las posiciones de poder entre los gachupines y los criollos. Miguel Hidalgo y sus conspiradores, al saberse descubiertos llamaron a un estallidos social de los indígenas en contra de los gachupines. Trescientos años de injusticia y explotación acumulados, solo necesitaron el llamado de “un cura”, para iniciar el estallido. No era la primera vez que los pueblos originarios se revelaban en contra de la ocupación europea, desde 1531 se dio la primera gran rebelión indígena y la historia oficial calla el rosario de rebeliones en el periodo colonial, lo cierto es que ninguna en tres siglos, fue convocada, organizada y financiada por los criollos. Esa fue la diferencia.


Después de 11 años de una cruenta y devastadora guerra civil, los criollos vencen a los gachupines, más por factores externos que internos definieron esta supuesta “independencia”. Y en 1821 los criollos crean “su propio país” al que “ellos” llaman México. En esta nueva realidad social, nuevamente quedan excluidos los pueblos originales y su milenaria civilización y con ello el nombre ancestral del Anáhuac.


Después de la expulsión de los gachupines, los criollos vencedores se dividen en dos grupos, opuestos y antagónicos, que lucharán por dos concepciones “de país” totalmente diferentes una de otra. Sí unos son liberales los otros serán conservadores, si unos son federalistas, los otros serán centralistas, sí unos son republicanos los otros serán monárquicos. Esta lucha llega hasta el Siglo XXI, en dónde sí unos son priístas, los otros serán panistas. El país de los criollos desde hace dos siglos esta dividido y enfrentado, en lo único que se unen y se ponen de acuerdo los criollos, es en la exclusión y explotación de los pueblos originarios y sus, al parecer, inacabables recursos naturales. La ideología criolla les ha negado totalmente a los pueblos y culturas originarias el derecho a ser y auto determinarse en estos dos siglos de “vida independiente”.


Los criollos al termino del estallido social, crean “su país”, como los que a principio del Siglo XIX se estaban formando por iniciativa de los mercaderes en el continente europeo. En efecto, el “Nuevo Orden Mundial” se inicia con la creación de Estados Unidos de Norteamérica en 1776, y prosigue la estrategia con el financiamiento del golpe de Estado a la monarquía francesa en 1789, al que la “historia oficial de occidente” llama con eufemismo la “Revolución Francesa”. Pero que implica. No solo el derrocamiento de los gobiernos constituidos, primero en Europa y luego en todos los pueblos del mundo. Sino además una nueva visión de organización humana, en la que el individualismo, la propiedad privada, las sociedades anónimas, el comercio y el consumo, serán la razón de ser de pueblos y gobiernos. La “modernidad” implica la ascensión del capitalismo y el “culto al Becerro de Oro” a través de la democracia.


Los mercaderes han pretendido derrocar las milenarias formas de gobierno de los pueblos, que fueron creadas a través de sus tradiciones, costumbres e historia, para imponer “la democracia” y con ella el capitalismo, el dominio del Mercado sobre el Estado, el sistema de partidos políticos, el consumismo y un largo etcétera. Nada nuevo desde 1789 en Francia hasta 2010 en Irak.


Los criollos, europeos nacidos en México, iniciaron la “construcción de su país”. Los criollos se creían los poseedores de la esencia de la identidad local. Por supuesto, desplazando y desconociendo totalmente a los pueblos y culturas originarias. Los criollos tomaron simbólicamente a “los mexicas” como su más antiguo origen. Esta tendencia se vio surgir desde mediados del Siglo XVIII, cuando el criollismo buscó sustentar su “autenticidad” en una mitológica cultura mexica, muy parecida en su descripción a la romana de los europeos. Así, los mexicas del Siglo XVI, descritos por los conquistadores y misioneros como “salvajes y caníbales”, pasaron a ser, los cultos y poderosos mexicas “dominadores de todo el Anáhuac” para los criollos del Siglo XVIII.


Los criollos en su rebeldía querían crear un origen “autóctono”, para confrontarlo con lo ibérico. Por eso transformaron a los mexicas, y en su discurso los convirtieron en “un poderoso imperio”, al que sus antepasados habían conquistado. Esta es la razón por la que le ponen “México” y no Anáhuac” a su nuevo país.


Como en los escritos del Siglo XVI se hablaba de la gran ciudad de México-Tenochtitlán, los criollos decidieron que ese nombre debería llevar su nuevo y flamante país. Por supuesto que no se consultó a los pueblos originarios, ni a sus tlamatinimes que habían sobrevivido al holocausto, el acto de la creación de México, como la mayoría de los actos de esta “Patria” en los doscientos años de su pequeña existencia, han ignorado y excluido totalmente a la Matria, la civilización Madre que tiene ocho milenios de existencia.


De esta manera, el país de los criollos llamado México, se constituye de manera vertical y autoritaria, por un “puñado de personas”, que permanentemente ignora, desvalora y desconoce la civilización que constituye la esencia de la mayor parte de los ciudadanos de “su país”, y que no ha desaparecido, como ellos suponen desde el 13 de agosto de 1521. Los criollos siempre han buscando modelos y capitales foráneos para modernizar, desarrollar y globalizar a “su país”. Pero nuca, en estos dos siglos, han buscado respuestas en la civilización del Anáhuac, que logró el mayor avance de desarrollo humano del mundo. Esta actitud mezquina, miope y racista de los criollos, históricamente ha impedido una verdadera mezcla y fusión de las dos civilizaciones y ha condenado a los criollos al permanente subdesarrollo y a los pueblos originarios a la exclusión, explotación y miseria.


El llamarle México al Anáhuac, por una parte nos habla del desprecio y negación de los criollos por la civiliza invadida. Pero por la otra, nos demuestra la absoluta amnesia y sometimiento de los sobrevivientes al holocausto. Su total colonización mental e intelectual. Lo que explica la dramática y miserable situación que viven históricamente los descendientes culturales de los antiguos anahuacas.


De esta suerte, “los mexicanos” son los colonizados y desmemoriados. Aquellos que, en el mejor de los casos, poseen una frágil “Identidad Nacional”, pero que no poseen una sólida “Identidad Cultural”. La “Patria” es la de los mexicanos que “celebraran su independencia” el 15 de septiembre. La “Matria” es de los anahuacas poseedores de una sabiduría milenaria para sobrevivir y crear una asombrosa cultura de resistencia. Los mexicanos son “patrioteros”, los anahuacas son “tradicionalistas”. Unos están esperanzados al “gobierno y los partidos políticos”, los otros están aferrados a las tradiciones y costumbres ancestrales que están sabiamente camuflajedas en las llamadas “culturas populares”.


Los anahuacas son los nahuas, mayas, zapotecas, mixtecas, totonacas, purépechas, mazahuas, etc. Descendientes de las culturas originarias. Mestizos totalmente, pues ya no existen los “pueblos originarios” del periodo Clásico o del Postclásicos. Los pueblos originarios se han transformado, como todos los pueblos originarios del mundo. Pero mantienen en su esencia, la visión del mundo y la vida, los valores y principios ancestrales de la Toltecáyotl. Quizás tienen problemas para concebirse como “mexicanos” y muchos de ellos sienten muy lejana a la Patria. Porque a lo largo de estos dos siglos, la Patria los ha excluido, traicionado y engañado. Saben, por su propia experiencia histórica, que la Patria siempre ha estado al servicio del explotador, del ladrón y del asesino. Muy pocas veces, la Patria les ha hecho justicia y les ha garantizado sus derechos históricos, comunitarios y humanos.


Los mestizos desculturizados, intuitivamente se refugian en la Matria. La Virgen de Guadalupe, El día de Muertos, las fiestas patronales, los valores familiares, “flor y canto” y fundamentalmente, la milenaria cultura culinaria los mantiene unidos inconscientemente a su esencia ancestral.


Lo que hoy es el país llamado México, es un proyecto criollo, excluyente y explotador. México es el ejemplo de la injustica, abuso, racismo y explotación. Los criollos nunca han sabido crear riqueza y menos a compartirla, pese a contar con un pueblo trabajador y recursos naturales casi ilimitados. Su sueño desde 1821 es que los capitales extranjeros exploten al pueblo y depreden los recursos naturales a cambio de que a los hagan “socios” y les den unas cuantas migajas para vivir cómodamente sin ningún esfuerzo de sus rentas.


Sus gobiernos han sido de pacotilla, viviendo de “sueños imperiales”, la alta burocracia ha sido corrupta, cínica e ineficiente. Se dan vida de emperadores y las arcas nacionales han estado al servicio de sus caprichos y banalidades. No ha existido un proyecto endógeno de desarrollo, todos los modelos económicos, políticos y culturales han sido importados, primero de Europa y hoy de Estados Unidos. La justicia social ha sido solo demagogia en los tiempos electorales.


La iniciativa privada criolla es totalmente explotadora y depredadora. Nunca han tenido una responsabilidad social e histórica con el pueblo y con el país. Apoyada por el “Estado criollo”, siempre se ha mostrada despiadada e insensible con los trabajadores. Condenándolos, en el campo o en la ciudad a condiciones de miseria. La iniciativa privada criolla jamás se ha caracterizado por invertir en investigación, en inversiones a largo plazo y menos aún en arriesgar sus capitales. Incompetente e ineficiente, vivió protegida por el gobierno, ofreciendo productos y servicios de poca calidad y muy caros, razón por la cual no pudo competir con un mercado internacional, en la globalización impuesta, la economía criolla ha colapsado.


Podemos entonces concluir que existen dos proyectos de nación. Uno que tiene el poder político y económico, y que es la continuación de la invasión y colonización iniciada en 1521 por extranjeros avecindados y sus descendientes culturales. Que crearon “su país” en 1821 y que le llamaron arbitrariamente “México” y que han creado en los dos últimos siglos una ideología de explotación y depredación totalmente irresponsable que esta conduciendo a una crisis y estallidos social, que no tiene futuro, justamente por su desbordante e insaciable rapiña e injusticia social.


El otro proyecto civilizatorio del Anáhuac, emanado de una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad y con origen autónomo. Proyecto que logró los avances más importantes en cuanto a Desarrollo Humano en la historia de la humanidad. Que fundamentó a lo largo de siete milenios y medio, sus logros en: el impulso de la ciencia y la investigación; en basar la vida en sociedad a través de la educación pública, obligatoria y gratuita; en una sociedad pacifista y anti bélica; en una sociedad que impulsó la austeridad y la frugalidad ante el mundo material, por lo cual no inventó la moneda; en una sociedad en la que sustento sus relaciones sociales en el comunitarismo, por lo cual no existió la propiedad privada. Y finalmente, porque desarrollo un propósito social abstracto, de carácter espiritual, que tuvo una continuidad asombrosa, por lo menos a lo largo de tres mil años.


El proyecto criollo se basa en la Patria, el proyecto ancestral se basa en la Matria. Uno es exógeno y el otro endógeno. Uno es político-económico, el otro es histórico y cultural. Uno posee 200 años de experiencia importada del exterior, el otro posee siete mil quinientos años de desarrollo endógeno y quinientos años de una sofisticada cultura de resistencia. Uno esta sustentado en leyes e instituciones impuestas, el otro esta sustentado en las tradiciones y instituciones milenarias “propias”. A uno se le acabó el tiempo, el otro posee el futuro. Uno se llama México y el otro se llama Anáhuac.

sábado, 19 de diciembre de 2009

EL ANÁHUAC esencia y raíz de México 1/3



Los mexicanos necesitamos conocer la historia antigua de nuestra civilización. Requerimos profundizar en los cimientos más profundos y en la raíz milenaria de nuestra esencia. No podemos seguir negando y desconociendo la herencia más importante de ser hijos de los hijos de una de las civilizaciones más antiguas del mundo. No debemos seguir manteniendo, como única y verdadera, la historia de los vencedores.


Tenemos que salir del “laberinto de la desolación” de ser “extranjeros incultos en nuestra propia tierra”. Tenemos que abandonar la posición de auto desprecio e ignorancia de los más propio y más esencial a nuestro “ser”. Porque como persona, como familia y como nación…somos lo que recordamos. Ha llegado el momento de recuperar, por nosotros mismos, nuestro pasado para construir por primera vez en estos cinco siglos de ocupación colonial, un futuro propio-nuestro. Futuro sustentado en la justicia y la igualdad, guiados por el profundo amor por nuestra Matria.


La historia del desarrollo humano en el Cem Anáhuac es aproximadamente de ocho mil años. Los primeros siete milenios y medio, fueron de carácter endógeno en el que no intervino ningún otro pueblo del mundo. Todo cuanto se creó e inventó en el Cem Anáhuac fue por ingenio, talento y obra de los propios anahuacas.


Este largo periodo de tiempo es dividido por los especialistas en tres partes: Preclásico o periodo formativo, periodo Clásico o del esplendor, y finalmente, periodo Postclásico o decadente.


A pesar de ser un periodo de tiempo tan grande, en el Cem Anáhuac ha existido una sola civilización, por múltiples y diferentes culturas que la integran y representan en tiempo y en el espacio. Cada cultura tuvo su propio carácter y lenguaje estético, pero todas estaban unidas por una misma “matriz-filosófica-cultural”, desde los olmecas hasta los mexicas.


PERIDO PRECLÁSICO




El Preclásico se sitúa aproximadamente del año seis mil a.C. al año 200 a.C. La cultura que lo representa es la cultura olmeca que encuentra su principal centro generador entre los estados de Veracruz y Tabasco en las costas del Golfo de México, pero que estará presente en el periodo de inicio o formación de todas las culturas posteriores. Esta es la razón por la cual en casi todas las culturas se habla de un periodo “pre-olmeca”.


Aunque los olmecas “aparecen” alrededor del año 1500 a.C. con sus impresionantes obras de arte en piedra, entre ellas, las más conocidas son las llamadas “cabezas olmecas” encontradas en las llanuras costeras del Golfo de México, los olmecas representarán este largo periodo “formativo”, en la que de una cultura incipiente (nómadas-recolectores-cazadores) se logra construir los formidables cimientos de la civilización del Anáhuac, proceso en el que se invirtieron aproximadamente cuatro milenios y medio.


El periodo Clásico abarca del año 200 a.C. aproximadamente al año 850 d.C. La cultura que lo representa es la llamada tolteca y su centro irradiador fue Teotihuacán en el Estado de México. En este periodo se alcanzó el más elevado desarrollo cultural. Los grandes logros permitieron alcanzar extraordinarias creaciones sociales, espirituales y estéticas.


El Postclásico comprende del año 850 aproximadamente a 1521 d.C. La cultura que lo representa es la cultura mexica que fue el último pueblo en emigrar del Norte y funda la ciudad de México-Tenochtitlán en el año de 1325, donde generará un proyecto imperial a partir del Valle de México hacia las costas del Golfo de México.

El periodo Preclásico es muy largo. Casi seis mil años de desarrollo humano que sentará las bases materiales y espirituales de la civilización del Anáhuac. En efecto, a principios del sexto milenio a.C. los pueblos nómadas, cazadores, recolectores iniciarán la agricultura, inventarán el maíz y comenzará una “revolución del conocimiento” que sacará al ser humano de un estado pasivo-primitivo, para convertirlo en un promotor activo del bienestar social y del desarrollo espiritual.


Los Viejos Abuelos desarrollarán el maíz, el nopal comestible, el amaranto, el chocolate, la vainilla, el tomate, el aguacate, el chile, la chía y la maravillosa milpa, que al sembrar en un reducido espacio de tierra de 20 por 40 metros, un solo hombre, trabajando intensivamente cuatro meses al año y sembrando: maíz, calabaza, fríjol y chile, tiene la base alimentaria para darle de comer a su familia a lo largo de un año. Lo que le permite tener tiempo y energía para observar, investigar, analizar y crear, para transformar el mundo que le rodea y darle significado a su vida individual y colectiva.


Los avances en el terreno de “la ciencia aplicada” logrados por la civilización del Anáhuac son de gran importancia para la humanidad. En el campo de la ingeniería hidráulica; por ejemplo, desde el sistema de riego, pasando por represas, canales, hasta llegar a la chinampa, que es el método más efectivo de producción agrícola intensiva durante todo el año. En ingeniería biogenética “inventado” el maíz al modificar genéticamente el teozintle y transformarlo en una planta totalmente diferente como es el maíz. De la misma forma transformado genéticamente el nopal silvestre para hacerlo comestible. En arquitectura e ingeniería, fue la civilización que construyó más pirámides en el mundo antiguo. Logrando sistematizar el conocimiento exhaustivo de la fauna y flora a través del significativo desarrollo de la zootecnia y botánica. Obtuvieron asombrosos avances en la medicina humana hasta llegar a la neurocirugía. En el campo de “las ciencias exactas” lograron descubrir y usar el cero matemático antes que cualquier civilización y usaron un ábaco llamado Nepohualtzintzin. En el terreno de la astronomía sus conocimientos les permitieron llegar a conocer a la perfección la cuenta prefecta del tiempo y la mecánica celeste, como ningún otro pueblo del mundo.



En el terreno de “las ciencias sociales” la civilización del Anáhuac llegó a desarrollar verdaderos portentos de sabiduría, que le dieron a los anahuacas bienestar y armonía durante milenios. Crearon un sistema muy complejo y profundo de ideas que explicaba cabalmente la razón de la vida, muy parecido al de la China y al de la India, civilizaciones contemporáneas. En efecto, La Toltecáyotl entendida como “la filosofía tolteca”, conjunta armoniosamente la ancestral sabiduría tolteca que se puede entender como: “el arte de vivir en armonía”. Los toltecas crearon “el camino del guerrero de la muerte florecida”, lo que implica una vida de impecabilidad, responsabilidad y equilibrio entre el mundo material y el espiritual, entre lo racional y lo intuitivo, entre lo concreto y lo abstracto, entre lo mundano y lo divino, entre la luz y la oscuridad, al que llamaron “Batalla Florida”.


Construyeron a lo largo de milenios de experiencia comunitaria, una forma equilibrada y justa de vivir en comunidad. Fundamentada en el valor de la familia, la comunidad y el trabajo colectivo, sobre el interés personal o de grupo. Desarrollaron a profundidad “el arte del servicio a la comunidad”, conocido actualmente como “servicio de cargos” y el trabajo para el bien comunitario llamado “tequio”. Crearon y perfeccionaron instituciones de organización, dirección y control social que se aplicaban en el permanente esfuerzo de elevar el nivel y la calidad de vida con justicia y honradez.


Como ninguna civilización antigua de la humanidad, los anahuacas a través de milenios, crearon el primer sistema de educación, obligatorio, público y gratuito de la humanidad y lo aplicaron permanentemente a lo largo de tres mil años, formando sucesivas generaciones de ciudadanos educados e instruidos en valores y conocimientos de carácter moral, ético, científico y artístico. Dotando a los niños y jóvenes de “un rostro propio y un corazón verdadero”. Los anahuacas sustentaron su sociedad en la educación, por ello podemos afirmar con orgullo que fueron las primeras sociedades totalmente escolarizadas, sin importar el rango social o el poder familiar.


El campo de la religión fue otro de los grandes pilares de la civilización del Anáhuac donde se alentó el sentido místico, sagrado y espiritual de la vida. Se puede afirmar que los pueblos anahuacas fueron eminentemente espirituales y todo lo que ellos hacían tenía un matiz religioso y ritual.


La religión fue uno de los logros más importantes de la Toltecáyotl, dado que unió en una exuberante pluralidad cultural, étnica y lingüística a todos los pueblos que habitaron a lo largo de miles de años, desde el Norte de lo que hoy es Estados Unidos hasta Nicaragua.


En efecto, existió a partir de la Toltecáyotl una “matriz filosófica-religiosa” que fue compartida por todos, y al mismo tiempo, transformada por cada uno de ellos de acuerdo a su propia cultura, sentido estético y lengua.


Todos concebían a una sola divinidad suprema abstracta y muy superior al alcance humano. En la religión anahuaca no existieron “dioses” menores, fue una religión totalmente monoteísta. Sin embargo, esta divinidad suprema múltiples advocaciones que occidente ha confundido maliciosamente con “dioses”. Además que para la concepción filosófica y religiosa del Anáhuac, la Tierra era un ser vivo con plena conciencia, y así, todo lo que en ella existe posee vida: las montañas, cuerpos de agua, árboles, animales y vegetales, poseían un ánima que los europeos confundieron con deidades.


Pero fundamentalmente, para la civilización del Anáhuac, el mundo era un conglomerado dual de cargas energéticas donde existían básicamente dos clases de energía. La luminosa y la espiritual (Materia y Espíritu).


Por ejemplo: La representación de la energía luminosa, es decir, los átomos y moléculas; todas las culturas la representaron simbólicamente con el agua. Y todas las representaciones, iconográficamente, compartían unas anteojeras y una lengua de serpiente. Unas culturas le llamaron Tláloc, otras, Chac, Cosijo o Tajín, pero todas se referían a la divinidad suprema, en la advocación de “la energía luminosa”.



De la misma manera, la divinidad suprema, única, impalpable e innombrable. La que no tenía nombre ni representación, en su advocación de “la energía espiritual”, se representaba con el viento (el soplo divino que le da conciencia a la materia). Los nahuas le llamaron Quetzalcóatl, los mayas Cuculcán y los zapotecos Dzavui, pero todos compartían el caracol como emblema simbólico.


Las férreas normas sociales, morales, éticas y las leyes e instituciones que se crearon y desarrollaron a través de más de cinco milenios de vivir en sociedad, en el periodo Preclásico (6000 a 200 a.C), así como la religión y la espiritualidad compartida por todas las culturas en tiempo y espacio, le dieron a la civilización del Anáhuac las bases para resolver los problemas básicos de subsistencia material y las bases, compartidas por todos, para enfrentar el desafío de encontrarle un significado trascendente a la existencia en el plano espiritual. Lo relevante es que esta aspiración era compartida por toda la comunidad y el esfuerzo colectivo partía del esfuerzo personal. De modo que la cultura colectivista o comunitaria también se llevó al nivel espiritual.


Podemos afirmar que el periodo Preclásico fue de suma importancia, pues en él se crearon los sólidos cimientos donde en los siguientes mil años, florecerá el periodo de esplendor. Dado que se partió de ser nómada-cazador-recolector y sin ayuda de ninguna otra civilización se creó un sólido proyecto de desarrollo humano que se ha mantenido a lo largo de ocho milenios. Los primeros siete mil quinientos años de manera endógena y los últimos quinientos, enriquecido por las culturas de Europa, Asia y África.


La pirámide de desarrollo humano creada en el Preclásico se puede considerar el logro supremo de los hombres y mujeres del Anáhuac, que a lo largo de miles de años buscaron salir de las tinieblas de la oscuridad, para preparar la entrada al periodo luminoso de esplendor cultural, difícilmente igualado en el mundo antiguo y moderno.


La pirámide de desarrollo humano tiene en su base un eficiente sistema alimentario que les dio la energía y el tiempo libre necesario para realizar sus grandes propósitos sociales. Le sigue un eficaz sistema de salud, que les proporcionó fuerza y seguridad para mantener sin deficiencias o limitaciones los proyectos sociales. Se consolida en el tiempo con un sólido sistema educativo, que le permitirá formar a las nuevas generaciones en los ancestrales ideales y metas existenciales, lo que posibilitó que sucesivas generaciones hicieran suyo el proyecto civilizatorio a través del tiempo y trasmitieran el conocimiento para perpetuarlo. El complejo sistema de organización social y régimen jurídico le permitió multiplicar las capacidades y posibilidades sociales. Les dio seguridad jurídica a través de un Estado de Derecho aceptado y compartido por todos los pueblos y culturas, lo que entre otras cosas permitió grandes periodos de paz y armonía social. Y finalmente la pirámide es coronada con un “proyecto abstracto” de carácter comunitario, en el que la búsqueda de la trascendencia de la existencia, de manera individual y colectiva, se simboliza con la figura emblemática del Anáhuac, “El Quetzalcóatl”.


En efecto, el Quetzalcóatl antes que nada es una aspiración universal de equilibrio y armonía entre el Espíritu, representado por el ave más bella que remota el cielo: “el quetzal”. Y su contra parte opuesta y complementaria, “la Materia”, representada con el animal más inteligente que repta sobre la tierra: el cóatl, la serpiente.


Así, la encarnación del “Quetzalcóatl” es la búsqueda del equilibrio armonioso entre Espíritu y Materia. Tanto en lo personal como en lo colectivo en el bregar cotidiano de la existencia. Significa la lucha interna por equilibrar el par de opuestos complementarios que nos conforman. El Espíritu y la Materia, lo abstracto y lo concreto.


De esta manera, los Viejos Abuelos a lo largo de casi seis milenios fueron construyendo esta pirámide de desarrollo humano, que fue la base para emprender uno de los procesos humanos más interesantes de la humanidad, pues rompe totalmente con los esquemas de evolución de las civilizaciones que se desarrollaron entre los ríos Nilo, Tigris, Éufrates, Huang Ho, Yang Tsé-Kian y Ganges y tomadas por la “historia universal oficial”, como ejemplo del desarrollo humano, especialmente por los logros materiales, la guerra y el comercio.



La civilización del Anáhuac ha sido negada y mal interpretada. En pleno siglo XXI prevalece en muchos aspectos el mismo criterio colonizador del Siglo XVI. Es censurable este hecho para la cultura universal, pero resulta inadmisible y vergonzoso que los actuales “mexicanos”, sigamos manteniendo la misma posición-visión de los conquistadores, Cortés y Alvarado, hacia lo más antiguo y esencial de nosotros mismos. Poco es lo que se sabe del pasado anahuaca, y de él, mucho menos se conoce del periodo Preclásico, pero es indudable que fue de singular importancia para la historia de México y de la humanidad. Especialmente por los logros alcanzados en alimentación, salud, educación y organización social. Beneficios que no sólo los mexicanos contemporáneos gozamos, sino que han llegado a toda la humanidad, como el maíz, el chocolate la vainilla, el chile, el chicle, el tomate, la chía, la grana cochinilla, la cuenta perfecta del tiempo, la chinampa y un largo etcétera.

domingo, 6 de diciembre de 2009

LA MEMORIA...el arma de los guerreos del Anáhuac




       Descolonizar con la fuerza del Espíritu.


El arma más contundente para colonizar a nuestro pueblo desde 1521 ha sido la pérdida de su identidad. No fueron los cañones o las espadas, las intrigas y las traiciones, ni siquiera la viruela o el sarampión. Ha sido la ignorancia de nosotros mismos.

Cuando a una persona, a una familia o a un pueblo se le quita la “memoria”, se le deja indefenso y vulnerable. Por la amnesia, no sabe quién es, no sabe de dónde viene, ni a dónde va. Qué le pertenece y qué le es ajeno. Quién es su enemigo, quién su explotador. No diferencia la mentira de la verdad, la injusticia de la justicia. Es como si lo dejaran mudo, ciego y sordo, en un pavoroso estado de indefensión total.

Esto es justamente lo que nos ha pasado en estos cinco siglos de ocupación y colonización extranjera. Los primeros tres siglos los “gachupines” crearon el Cem Anáhuac, para sí y para la corona española el Virreinato de la Nueva España, en donde los pueblos originarios no tenían ninguna oportunidad. Su calidad era de vencidos y esclavos, como el filósofo español del siglo XVI, Ginés de Sepúlveda lo afirmaba. Las leyes, las autoridades y las instituciones eran de carácter colonial y estaban creadas para regular la explotación humana y la depredación de la naturaleza de los vencidos, no para impartir justicia y procurar el bienestar de los invadidos.

Los siguientes dos siglos, gracias a una lucha entre parientes, los “criollos” traicionaron a los “gachupines” y crearon “su país”, al que le llamaron “México” en honor a los mexicas. No se abolió el sistema colonial, lo único es que los “criollos” desplazaron a los “gachupines”, los expulsaron “de sus país” y tomaron el poder. La sociedad mexicana “es de unos cuantos y de amigos”, es racista, clasista, explotadora y depredadora. En pleno siglo XXI vivimos e una sociedad hipócritamente colonial.

En el neo-colonialismo los criollos crearon un país para sí y para los capitales extranjeros. Porque los criollos han demostrado en “la historia de su país”, que son ineptos, cobardes y mediocres. Pese a tener en “su país” un pueblo indígena y mestizo trabajador y educado, además de contar con, al parecer, inagotables recursos naturales, nuca han sabido trabajar y crear riqueza, solo han robado y dilapidado. Su “sueño bicentenario” ha sido, desde 1821, invitar a los capitales extranjeros a explotar al pueblo y los recursos naturales a cambio de unas migajas por… “la sociedad”.

Y todo esto ha pasado en medio del sufrimiento, la injusticia, la explotación y el despojo de los hijos de los hijos de la civilización invadida del Anáhuac. En “este país”, en general, los pobres, los despojados, los desempleados, los que no tienen acceso a la educación, a la salud, a la justicia, son casualmente… “los morenitos”. Los descendientes de los pueblos originarios, y del lado opuesto, están los extranjeros y sus descendientes, así como los recientes avecindados.

Cómo es posible que durante cinco siglos los pueblos originarios y sus descendientes culturales, los mestizos, seamos la carne de cañón de la explotación. Cómo es posible que el mismo pueblo vea como “algo natural” su pobreza y la negación a sus más elementales derechos, cuando nosotros somos los descendientes de la civilización del Anáhuac, una de las más importantes y antiguas de la humanidad. Esta tierra ha sido nuestra durante siete mil quinientos años y en los últimos quinientos hemos sido despojados, explotados y excluidos. Hoy tenemos que entrar de “ilegales” a otro país, para tener más oportunidades que en nuestra propia tierra.

Esto ha sido posible gracias a que los invasores se han encargado de extirparnos “la memoria histórica”. Los mexicanos en general no tenemos noción, ni siquiera, de “la historia oficial criolla”. Vivimos en un laberinto de la desolación de ser extranjeros incultos en nuestra propia tierra. No conocemos, no valoramos, no nos interesa conocer la milenaria historia de nuestros Viejos Abuelos toltecas. Estamos huérfanos y mutilados de los más valioso y esencial de nosotros mismos.

Desconocemos y rechazamos a la Toltecáyotl. Nos da vergüenza reconocer nuestra Cultura Madre en nuestro ser, en nuestro cuerpo, en nuestra forma de sentir, pensar y actuar. Negamos a nuestra Madre Cultura y exaltamos la cultura extranjera. Sea de España, de Francia y ahora de Estados Unidos. Nos han enseñado a despreciarnos y a desvalorarnos. No deseamos conocer los valores, principios, actitudes, sentimientos anahuacas, que a pesar del rechazo conciente e inconciente, siguen vivos en nosotros mismos y determinan en gran medida nuestro ser y hacer.

La cultura neo-colonizadora de los criollos es excluyente. Condena al desprecio y al rechazo a la civilización originaria. Por esta razón “los mexicanos” no hemos podido consolidar plenamente un mestizaje enriquecedor. En los cerrados círculos de poder económico, político, gubernamental, intelectual, artístico, no existe hasta la fecha, un espacio natural para la cultura anahuaca y sus descendientes culturales. Sí en México se ha dado un mestizaje, por cierto muy rico y pródigo, ha sido en las periferias del poder, lo que se conoce como las “culturas populares”. El proyecto de nación criolla, jamás ha participado la sabiduría, filosofía y la cultura de la civilización del Anáhuac. La cultura originaria además de ser rechazada y difamada, esta proscrita por el poder.

Un ejemplo de lo anterior es que los mexicanos conocemos muy poco de la historia “propia-nuestra”, antes de la invasión. A esta historia la secuestran, la esconden, la niegan. Es decir, nosotros no somos nada antes del conquistador. No tenemos rostro, ni nombre. Existimos gracias al “descubridor” y al conquistador, que “nos civilizó, nos dio nombre, idioma, religión y cultura”.

El objetivo es mantener a los invadidos sin memoria, sin recuerdo, sin raíz. Vulnerables, indefensos, inseguros. No sabemos cómo se llamaba esta tierra. No sabemos cómo se llamaban a sí mismos nuestros Viejos Abuelos. En los libros de historia de la SEP, se le llama a la batalla en la que los indígenas (nuestros antepasados) en 1520 derrotaron a los invasores: “ La Batalla de la noche triste”. A la historia de siete milenios y medio antes de la invasión europea se le conoce como “Historia prehispánica, precolombina, precortesiana”. Borran totalmente de la historia y de nuestra mente la milenaria civilización del Anáhuac.

Al territorio indebidamente un extranjero le puso el nombre de “Mesoamérica”, haciendo el comparativo de “Mesopotamia”, que quiere decir “entre dos ríos”, (el Tigris y el Éufrates), pero en el Cem Anáhuac no tiene razón de ser, es solo imposición y colonialismo cultural.

A los pueblos descendientes de las civilizaciones originarias del continente se les llama despectivamente “indios”, porque Colón se equivocó y creyó que había llegado a la India. Han pasado más de 500 años y les seguimos diciendo indebidamente a los pueblos originarios de manera equivocada, lo que demuestra nuestro auto desprecio y falta de identidad.

El extranjero nos llama como quiere y nosotros repetimos mansamente sus epítetos y los hacemos propios. En el Norte nos dicen y nos decimos “latinos e hispanos”. Nosotros no somos ni latinas y hispanos. Latinos, porque Napoleón III queriendo recuperar las colonias “iberoamericanas” que perdió España a principios del siglo XIX, se inventó que los países recién fundados eran “latinos” y por tanto, debían estar bajo la égida del Imperio Francés.

Los anglosajones en Estados Unidos nos llaman “hispanos”, porque hablamos español. Pero ellos no aceptarían que nosotros los llamáramos “ingleses” por hablar inglés. Nosotros aceptamos todo, porque desconocemos todo. Esta es la razón por la cual se trata de que día a día, los habitantes de este país, los descendientes de los Viejos Abuelos, no solo no conozcan su historia antigua, sino que la rechacen y les avergüence. Por ello se quita de la primaria y la secundaria el estudio del “México antiguo”. El neo-colonizador nos pueden permitir casi todo, menos que recuperemos nuestra memoria. Porque este es el arma fundamental de la colonización. La ignorancia de nosotros mismos es lo que nos condena a la miseria material y espiritual.

El primer paso para iniciar la descolonización es recuperar la memoria histórica. Recuperar nuestra dignidad a través del estudio y conocimiento de nuestra verdadera historia. Decir un vigoroso ¡YA BASTA! a la colonización intelectual. Ya basta de referirnos a nosotros mismos con conceptos llenos de desprecio e ignorancia, con cargas ideológicas colonizantes como: Mesoamérica, prehispánico, precortesiano, precolombino, indio, latino, hispano, Batalla de la noche triste, “caballero” águila, emperador, rey, princesa, reino.

Debemos de luchar por recuperar nuestra memoria histórica, para saber quiénes somos. Este es el primer paso de una dignificación por quinientos años de negación e ignorancia. No se trata de negar nuestra parte occidental, se trata de consolidar verdaderamente nuestro mestizaje, sumando las dos civilizaciones que nos conforman en la actualidad.


onvoquemos a lo mejor de nosotros mismos. Reencontrémonos con nosotros mismos. Activemos el “banco genético de información cultural” que hay en cada uno de los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos. Recuperemos el valor de la palabra de los ancianos y de nuestros padres, los valores de nuestras familias y comunidades. Revaloremos y dignifiquemos nuestras ancestrales tradiciones y costumbres, nuestra visión sagrada y espiritual del mundo y la vida. Apostemos todo a muestra memoria colectiva genética. Creamos de nuevo en nosotros mismos y tomemos fuerza y dirección de nuestro milenario pasado. Recuperando el pasado, el futuro es nuestro.

jueves, 3 de diciembre de 2009

EL DUOPOLIO TELEVISIVO…“un peligro para México”.


El poder sobre las masas radica en el control de sus mentes. La fuerza y la represión, son “correctivos extraordinarios”. En la historia de la humanidad, el control de los pueblos ha estado en manos de las iglesias. “El poder de Dios siempre ha sido más grande que el del Cesar”.


En México desde el tiempo colonial la iglesia mantenía el control de los pueblos indígenas, que representaba la gran masa. En el siglo XIX, después de la Independencia, la Iglesia Católica emprendió una ardua lucha, no solo por mantener sus canonjías económicas y políticas coloniales, sino quiso apoderarse de gran parte del poder, ahora en manos de los criollos metidos en la construcción de "su país".

Su alianza con los criollos conservadores derivó en una lucha frontal en contra de los criollos liberales. En el siglo XIX, al pueblo se le controlaba desde el pulpito y el confesionario. A través del sermón y la confesión, la iglesia tenía el pulso y el control social, podía llegar hasta la intimidad de los ciudadanos.

Benito Juárez y las Leyes de Reforma pusieron fin a esta situación de abuso. Se separó el poder civil del religioso y se delimitó el poder a la iglesia. Esto motivó "la Guerra de Reforma”, en la que al perder la lucha política los conservadores, la llevaron al plano militar. Nuevamente vencen los liberales y los conservadores apoyados por la iglesia piden apoyo a Francia y se produce la invasión francesa.

La historia se repite, ahora el “verdadero poder” lo tiene la televisión que llega a lo más profundo de la psique del mexicano. La televisión controla al país, lo des-informa, lo embrutece, lo maleduca, lo enajena y lo vulgariza. El poder de la televisión en México es totalmente desmedido y desproporcionado. El gobierno, los políticos, las iglesias, le rinden pleitesía y mansamente se sujetan a sus malignos intereses.

El duopolio se encuentra desbordado y no hay nadie quien lo pare. Lo mismo es capaz de poner a un hombre en la presidencia, que crear una luminosa estrella de la noche a la mañana. Pude destruir toda una vida de trabajo y honradez, que hacer de un malandrín un icono social. Su poder es tal, que el hombre más rico del mundo (Slim) no le dejan tener su canal de televisión abierta.

Las televisoras no solo se han apoderado del mundo de la política, como pulpos se han extendido a otros negocios más lucrativos como el juego de asar, los bancos, el deporte profesional, los impresos, tiendas de electrodomésticos, palenques y ferias, etc., etc. Su voracidad no tiene límite.

El punto es el “extraordinario poder” que tienen las televisoras para poner a un pueblo y su gobierno a los pies de sus mezquinos intereses. El mayor daño que le hacen al pueblo y a la nación, no es en el plano político, dado que la política es un chiquero de todos conocido. De modo que sea quien sea, gane quien gane…el pueblo siempre pierde.

El gran daño es el embrutecimiento, la pérdida de la conciencia y la identidad cultural, los valores tradicionales, la ignorancia en la que hunden diariamente al pueblo. Son las televisoras las que imponen “sus valores y sus principios”. Mantienen a través de su programación, una campaña permanente de vulgarización, bajeza, perversión y estupidez a los niños, jóvenes y adultos. Cada edad tiene “sus programas” y la gente ahora “piensa, habla, siente y actúa”, como en las telenovelas, los noticieros y los programas de “diversión”. Quien EDUCA en México es la televisión, la SEP, en el mejor de los casos trata ineficientemente de “instruir” a un pueblo embrutecido e ignorante.

El duopolio televisivo es “un peligro para México”. Su poder crece en la medida que los políticos no tienen credibilidad y representatividad. El vacío de poder, por la ausencia del Estado de Derecho le da, día a día, más poder al duopolio. Por esta razón la televisión se encarga todos los días de destruir, desacreditar y degradar a las pocas personas y las instituciones que se oponen a este gran peligro. La mayoría: políticos, empresarios, iglesias y sociedad civil organizada…sumisamente se cobijan bajo su patética y nefasta sombra protectora.

jueves, 26 de noviembre de 2009

UN MÉXICO DE RICOS Y UN MÉXICO DE POBRES.




Los dueños del dinero en México, desde 1521, lo único que hacen es extraer riqueza del pueblo explotado y depredar sus recursos naturales. En la colonia eran lingotes de oro que iban a España, hoy son miles de millones de dólares que van a parar a los bancos extranjeros...(en el extranjero).



En efecto, mientras los mexicanos pobres (indígenas y mestizos) se tienen que ir al Norte a buscar una oportunidad que su tierra les negó, envían permanentemente dólares a México. Los mexicanos ricos (los criollos) en cambio, sacan siempre sus ganancias del país para protegerlas en lugares más seguros. Los pobres envían dinero y los ricos lo sacan del país.

El Banco de México informó que de enero a septiembre de este año, los mexicanos ricos sacaron 21,300 mdd. Mientras los mexicanos pobres, enviaron vía remesas, en ese mismo periodo, 16,435 mdd. Es decir que los inversionistas sacaron 5 mil mdd más, de lo que entró vía remesas.

Otro dato revelador que dio el BM, fue que la extracción de dólares del país, superó en 118% el ingreso de la inversión extranjera directa. Es decir, los ricos sacan mucho más dinero del país, que lo que entra, vía inversión, para “crear empleos” y alentar la economía.

Como se ve, existen dos Méxicos: uno que tiene todos los privilegios a su disposición, no paga impuestos y pone sus mezquinas condiciones. Y un México que siempre paga los platos rotos de la corrupción y la ineptitud.

Cuando "el Presidente 0.56%" declara que… “es hora de enderezar el rumbo social”… ¿a qué se refiere?